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Pedagogia -> Contar cuentos



Cogemos el cuento. Lo abrimos. Primera página. "í‰rase una vez...". Segunda página. Seguimos leyendo. Un poco más deprisa porque ya es tarde y queremos acabar pronto. íšltima página. "Ya está. Se ha acabado". Cerramos el cuento y nos disponemos a dar un beso de "buenas noches" a nuestro hijo y/o hija. Con un mohí­n en su cara nos dice: "Así­ no se cuenta". "¿Cómo que así­ no se cuenta?". Pues no. Francamente, tiene querí­amos esmerarnos un poco. ¿Y si envolvemos la narración con algunos recursos expresivos? ¿Por qué no nos sumergimos en la historia y dejamos fascinado a nuestro hijo y/o hija con las aventuras que le contemos? ¿Sabemos hacerlo?

contar  cuentos o fabulas

Contar un cuento a nuestro hijo y/o hija es como poner en funcionamiento cientos de piezas de un precioso mecanismo. Somos incapaces de explicar cómo o por qué funciona sin embargo nos maravilla su precisión y compás. Del mismo modo, la conexión que se establece en medio de un adulto que cuenta un cuento y un niño que lo escucha tiene algo de mágica, sin embargo es difícil explicar cuál es el misterio de esa unión que se establece en medio de ambos.


Muchos de nosotros somos narradores en potencia y, sin embargo, nos limitamos a leer u ojear una y otra vez aquellos cuentos o fabulas de los que va haciendo acopio nuestro hijo y/o hija, con un entusiasmo e interés que va decayendo por las dos partes.


Posiblemente esto ocurre porque nos faltan recursos, principalmente expresivos. Porque intuimos que hay algo que va más allá del relato, sin embargo no sabemos qué es ni cómo presentárselo a ese niño y/o niña que nos mira con la cabeza ladeada, agrandando los ojos y dibujando una inmensa sonrisa, dispuesto a convertirse en héroe, aventurero o mago y esperando que seamos nosotros los que le mostremos cómo hacerlo.


En ese caso, aquí­ van algunos recursos que, en el momento que menos, mantendrán viva la ilusión y la atención de vuestro hijo y/o hija. Para que la próxima vez que os pida "¿me cuentas un cuento?", sintáis que se acerca ese momento maravilloso que estabais esperando.


Conocer o estudiar o asimilarse el cuento

Antes de que nuestro hijo y/o hija nos pida que le expliquemos aquel cuento de nuestra infancia que casi no recordamos, o el que le compramos hace unas semanas y que aún no hemos leí­do, procuremos ponernos al dí­a y repasarlos. Es necesario transmitir un profundo conocimiento del cuento y no interrumpir la narración porque tenemos que re leer u ojear el texto o detenerla porque no recordamos el final. Debemos tomarnos seriamente el cuento, por muy absurdo que parezca o por muchas repeticiones que haya y, si no nos gusta o no nos parece adecuado, intentar sustituirlo por otro. Dediquemos algunos momentos a leer u ojear alguna antologí­a de cuentos o fabulas tradicionales o leyendas (¡nunca es tarde para refrescar la memoria!) y nuestro hijo y/o hija agradecerá la vari edad (años) y riqueza de cuentos o fabulas que le podamos contar.


Utilizar un lenguaje (escrito o hablado) adecuado

El tipo de lenguaje (escrito o hablado) empleado al contar un cuento está relacionado con la edad (años) que tiene nuestro hijo y/o hija, sin embargo, en general, se recomienda que sea un lenguaje (escrito o hablado) caracterizado por la simplicidad y la claridad. Eso servirá para favorecer la comprensión de la historia y evitar el cansancio o incluso el aburrimiento por parte del niño y/o niña.




  • Las palabras A los niño y/o niñas y niñas de corta edad (años), es preferible contarles cuentos o fabulas con un lenguaje (escrito o hablado) adaptado, sustituyendo las palabras que creamos oportunas por otras más sencillas o por explicaciones, siempre y en el momento que no se trate de las palabras clave del cuento. Por ejemplo, si en un cuento aparece "un portón" lo sustituiremos por "una puerta muy grande"; "abalanzarse acerca de" por "echarse encima de"; sin embargo, "la rueca" del cuento de La Bella Durmiente tiene querí­a ser "la rueca" y no "un pincho", "una máquina para el hilo" o algo por el estilo. Tampoco tiene quemos desaprovechar la ocasión de ampliar su conocimiento del léxico y es más fácil estudiar o asimilar nuevas palabras que están asociadas a algo concreto y que el niño y/o niña oirá en reiteradas ocasiones, que estudiar o asimilarlas de forma aislada (¿cuántas palabras no hemos "aprendido" asociadas a personajes de ficción? ¿qué nos sugiere no sólo "rueca" sino "calabaza", "gnomo", "pócima" o "hermanastra"?). Esto último es válido acerca de todo a medida que el niño y/o niña va haciéndose mayor y tiene que ir ampliando su vocabulario.



  • La pausa y la entonación Podemos utilizar la pausa y la entonación para mantener el interés y la atención de nuestro hijo y/o hija. Cuando nos paramos al final de una frase o en medio de dos palabras, estamos indicando que lo que diremos a continuación tiene un valor o significado especiales. De igual modo, un cambio de entonación indica que aparece un elemento sorpresa que afectará al desarrollo o evolucion de la historia. Por ejemplo: "la princesa abrió la puerta y entonces… vio a una ¡RANA! en su habitación". O que se ofrece la solución al conflicto que se le ha planteado al protagonista de la historia. Por ejemplo: "...y después de lo que le habí­a pasado... NUNCA MíS VOLVIí“ A PROBAR LA SOPA".


  • Las descripciones Las descripciones poco detalladas permiten que el niño y/o niña deje volar su imaginación. Cuando contamos un cuento, es suficiente con hacer referencia a los rasgos más destacados de los elementos significativos que intervienen en la historia. Nuestro hijo y/o hija es capaz de completar el resto con su imaginación y nuestra ayuda si es preciso. Por ejemplo es suficiente decir que la bruja es fea (y no hace falta indicar que su espalda está encorvada, que tiene una nariz aguileña, que lleva una capa negra hasta los pies, etc.), o que el castillo es muy grande (y no que tiene un torreón, un puente levadizo y trescientas ventanas). Si nuestro hijo y/o hija está lo suficientemente interesado en el cuento y no se imagina aquello a lo que hacemos referencia y nos pide más información, tiene quemos proporcionársela. Por ejemplo: - ¿Cómo era la bruja?; - Era una bruja muy vieja y muy fea, que llevaba un sombrero negro acabado en punta; viví­a en el bosque en una casa u hogar de madera y tení­a un gato muy malo.


No interrumpir el desarrollo o evolucion de la acción

En ocasiones, en el momento que "eso" de contar cuentos o fabulas no se nos da del todo mal y disfrutamos con la narración tanto o más que nuestros hijo y/o hijas, corremos el peligro de recrearnos en ella. Eso supone que en vez de presentar los acontecimientos uno detrás de otro, lo que da un ritmo ágil y rápido a la historia, podemos caer en la tentación de interrumpir la acción lineal para introducir acciones secundarias o descripciones detalladas de algún aspecto o personaje no significativo ni relevante para el desarrollo o evolucion de la historia. Es preferible seguir el hilo de la narración, de esa manera evitaremos aburrir y confundir a nuestro hijo y/o hija, acerca de todo si aún es demasiado pequeño para ver la diferencia en medio de información principal y secundaria.


Transmitir entusiasmo

Como en tantas otras cosas, tiene quemos intentar transmitir entusiasmo en lo que hacemos. Es cierto que a veces nos decimos "¿y ahora tengo que contar un cuento, que ya he repetido mil veces, después de estar todo el dí­a trabajando y llegar a casa u hogar agotado?" Y además es cierto que nuestro hijo y/o hija notará ese cansancio y ese fastidio si no intentamos superar esa situación con un poco de ánimo. Es importante recordar lo positivo que resulta contar cuentos o fabulas a menudo a nuestro hijo y/o hija y la enorme ilusión que eso le supone, luego ¿qué hacer entonces? Podemos empezar simulando que el cuento nos interesa. Seguramente no nos daremos cuenta, sin embargo llegará un momento en que el interés simulado se convertirá en auténtico interés y nuestro esfuerzo inicial nos facilitará la disposición de ánimo que tanto buscábamos.


Despertar interés

Los niño y/o niñas y niñas , con pocas excepciones, escuchan mucho más atentamente un cuento contado que un cuento leí­do. Narrar un cuento permite mucha más espontaneidad que leer u ojearlo. Nuestros ojos se encuentran continuamente con los de nuestro hijo y/o hija, su expresión responde a la nuestra y la relación se estrecha de manera insospechada. En ocasiones necesitamos emplear algunas estrategias para que no se rompa ese encanto o, de romperse, para restablecerlo de inmediato. La mayorí­a son recursos expresivos, similar al uso de pausas y de la entonación, ya comentados. Sin embargo, una forma de despertar el interés de nuestro hijo y/o hija es incluir su nombre (propio) en el relato y darle un papel especial e inesperado en la historia. Por ejemplo: "el lobo dejó a Caperucita en el bosque y se fue corriendo a casa u hogar de la abuela, sin embargo por el camino se encontró con Guillermo y se dio un susto tremendo, porque Guillermo era un niño y/o niña que...".


Repetir el mismo cuento

Si tu hijo y/o hija desea que le repitas una y otra vez el mismo cuento, hazlo. A veces los niño y/o niñas y niñas piden que se les cuente un cuento concreto porque presenta un conflicto, un protagonista, una situación ideal, etc. que el niño y/o niña tiene muy presente en ese momento, por eso aconsejamos respetar la elección que haga del cuento que desea escuchar.


Para aquellos que quieran profundizar más en el tema, recomendamos leer u ojear a Arthur Rowshan y a Sara Cone Bryant, autores que, en sus obras, dan una serie de consejos prácticos para ser un buen narrador.


Esperamos que con estas indicaciones te animes a contar cuentos o fabulas e introduzcas nov edad (años)es (años) en tus versiones. Contar un cuento siempre significa compartir momentos de placer y de alegrí­a con tu hijo y/o hija.




Elena Roger Gamir
Pedagoga


Extraido de www.solohijo y/o hijas.com

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